Cuando hablo con especialistas que trabajan en una clínica, la respuesta suele ser la misma: «Yo no necesito ficha en Google, ya tiene la clínica». Tiene sentido. La clínica tiene su perfil, su teléfono y sus reseñas, y tú pasas consulta allí.
Pero haz una prueba: busca en Google tu nombre y tu ciudad, como lo haría alguien a quien le han recomendado tu consulta. Lo que sale ahí es lo que esa persona ve antes de decidir si llama.
A veces no sale nada. A veces sale la ficha de la clínica, con veinte profesionales más. Y a veces sale una ficha con tu nombre que tú no has creado, con una dirección antigua, un teléfono que ya no contesta nadie o reseñas que nadie ha respondido.
Qué es exactamente la ficha de Google
Es el Perfil de Empresa de Google, lo que antes se llamaba Google My Business. Es el recuadro que aparece a la derecha del buscador, o en el mapa, con nombre, dirección, horario, teléfono, fotos y reseñas.
No hace falta tener empresa ni consulta propia para tenerlo. Las normas de Google contemplan expresamente a los profesionales que atienden en persona: medicina, odontología, abogacía… Cada profesional puede tener su propio perfil, distinto del del centro donde trabaja.
Por qué te conviene aunque trabajes en una clínica
1. Te buscan a ti, no a la clínica
Quien llega por recomendación no busca «ginecología Madrid». Busca tu nombre. Si escribe tu nombre y Google no encuentra nada tuyo, le enseña lo más parecido: un directorio, la clínica u otro perfil con un nombre similar.
La ficha de la clínica sirve a quien busca la clínica. La tuya, a quien te busca a ti.
2. Tus reseñas se quedan contigo
Las reseñas que se dejan en la ficha de la clínica son de la clínica. Las que se dejan en tu ficha son tuyas.
Si mañana cambias de centro, abres consulta propia o empiezas a pasar consulta también en otro sitio, actualizas la dirección de tu ficha y tu reputación sigue ahí. Google puede pedirte que vuelvas a verificarla, pero no pierdes lo que has construido. Con la ficha de la clínica, empiezas de cero.
Un caso real. Uno de los perfiles médicos con los que trabajamos pasa consulta en una clínica que, por supuesto, tiene su propia ficha. Además tiene una a su nombre, y al terminar cada consulta pide una reseña. En agosto recibió una. En septiembre, cuando lo convirtió en costumbre, pasó de treinta. Cada una habla de su trabajo, no del centro, y seguirá en su ficha trabaje donde trabaje.
3. Probablemente ya existe una ficha con tu nombre
Google crea fichas a partir de lo que encuentra y de lo que sugieren los usuarios. Es frecuente que haya una ficha de un profesional que nunca la pidió. Nadie la gestiona: los datos no se corrigen y las reseñas, buenas o malas, se quedan sin respuesta.
Si existe, no hay que crear otra: hay que reclamarla. En la propia ficha aparece la opción «¿Es el propietario de esta empresa?» o «Reclamar este perfil».
4. Decides tú adónde va cada paciente
En tu ficha pones el enlace que quieras: tu página, tu perfil de Doctoralia o el sistema de citas de la clínica. Lo importante es que quien te busque a ti acabe pidiendo cita contigo, y no perdido en el listado general del centro.
5. No compites con la clínica: la ayudas
Tu ficha lleva a la misma dirección y al mismo centro. Cada persona que te encuentra a ti entra igualmente en la clínica. Aun así, avísales antes de crearla: es lo correcto y evita malentendidos. Y si el teléfono de citas es el de recepción, tu ficha les manda llamadas a ellos.
Cómo dejarla bien en una tarde
Paso 1. Búscate antes de crear nada
Busca tu nombre en Google y en Google Maps, con y sin el «Dr.» o la «Dra.», y con tus dos apellidos. Si aparece una ficha tuya, reclámala. Si no aparece ninguna, créala desde Google Business Profile. No crees una segunda ficha si ya existe una: Google puede suspender las dos.
Paso 2. El nombre, solo tu nombre
Pon tu nombre profesional, tal como te conocen tus pacientes: el tratamiento, tu nombre y tus dos apellidos. No añadas la especialidad, la ciudad ni el nombre de la clínica al nombre de la ficha. Es tentador, porque parece que ayuda a salir en las búsquedas, pero va contra las normas de Google y es motivo de suspensión. Para eso están la categoría y la descripción.
Paso 3. La categoría precisa
Elige la categoría principal más concreta que ofrece Google para tu especialidad, como «Ginecólogo», «Dermatólogo» o «Traumatólogo». Si tienes una subespecialidad que existe como categoría, añádela como secundaria.
Paso 4. La dirección del centro donde atiendes
Pon la dirección de la clínica donde pasas consulta. Es correcto: es donde vas a atender a quien pida cita. Si atiendes en más de un centro, no dupliques fichas por tu cuenta: empieza por el centro principal y revisa las normas de Google para profesionales antes de dar el siguiente paso.
Paso 5. Un teléfono y un enlace que funcionen
El teléfono, el de citas: el de recepción o uno profesional. Nunca tu móvil personal. La ficha es pública y ese número acaba en buscadores, directorios y bases de datos que no controlas. Lo hemos visto pasar.
El enlace, al sitio donde se pide cita contigo.
Paso 6. Verifícala
Sin verificar, la ficha apenas se muestra. Google te ofrecerá el método que considere: vídeo, teléfono, correo electrónico o carta postal. Hazlo en cuanto te lo pida; es el paso que más gente deja a medias.
Paso 7. Una foto tuya y una descripción escrita por ti
Una foto real tuya, con buena luz. Quien va a pedir cita quiere ver con quién se va a sentar en la consulta. Añade también la entrada del centro, para que sepan llegar.
En la descripción, en dos o tres frases: qué haces, para quién y dónde. Sin «el mejor», sin prometer resultados y sin hablar de casos concretos. La publicidad sanitaria tiene sus normas, y la ficha también cuenta como publicidad.
Las reseñas: pedirlas y responderlas bien
Una ficha nueva empieza con cero reseñas, y las primeras son las que más cuestan. Lo que funciona es tener un momento fijo para pedirlas: un QR en la consulta o un mensaje unos días después de la visita. Sin ese hábito, solo llegan cuando alguien se enfada.
Y respóndelas todas, también las buenas. Con una regla: nunca confirmes que esa persona ha pasado por tu consulta ni hables de su caso, aunque lo haya contado en su reseña. Agradece, invita a hablarlo en consulta si hay una queja, y nada más. Lo explicamos paso a paso en la checklist de reseñas para la consulta, que puedes descargar gratis.
La lista de una tarde
- Me he buscado en Google y en Maps, y sé si ya existía una ficha con mi nombre.
- La ficha es mía: reclamada o creada, y verificada.
- El nombre es solo mi nombre; la especialidad va en la categoría.
- La dirección es la del centro donde atiendo, y la clínica está avisada.
- El teléfono es el de citas, no mi móvil personal.
- El enlace lleva a un sitio donde se pide cita conmigo.
- Hay una foto mía y una descripción escrita por mí.
- Tengo un momento fijo para pedir reseñas y las respondo sin datos de pacientes.
Trabajar en una clínica no te quita nombre propio. La ficha de Google es la forma más sencilla de que, cuando alguien te busque, te encuentre a ti.
¿Prefieres que lo hagamos por ti?
Todo lo de arriba lo puedes hacer en una tarde. Si no tienes esa tarde, o sospechas que la ficha es solo una parte de lo que falla, empieza por la revisión de tu consulta: contestas unas preguntas cortas y ves al momento en qué punto se pierden tus pacientes y qué conviene corregir primero, sin dejar tus datos. Si encaja, eliges una videollamada de 20 minutos o seguimos por WhatsApp. La propuesta llega después de hablar.
No prometemos posiciones en Google ni un número de reseñas: eso no lo decide nadie desde fuera.
Este artículo es orientativo y no constituye una recomendación personalizada. Cada especialidad y cada consulta tienen un contexto distinto.
