Cuatro preguntas y tu cifra. No hay que registrarse, no hay que dejar el correo y no se guarda nada: la cuenta se hace entera dentro de tu navegador.
Y no está inflada. Todos los supuestos van tirando por lo bajo y se enseñan debajo del resultado para que puedas comprobarlos uno a uno. Si el número te parece grande, no es porque hayamos exagerado.
Rellena los cuatro campos y la cifra aparece aquí. No se guarda nada de lo que escribas: el cálculo pasa entero dentro de tu navegador.
Hemos revisado de arriba abajo un programa de marketing médico de 900 € — seis módulos, unas sesenta lecciones. Enseña a elegir dominio, poner el píxel, redactar la landing, grabar el vídeo de valor y estructurar las campañas. Está bien hecho.
Y no tiene ni una sola lección sobre el martes. Sobre contestar el WhatsApp que entró ayer, sobre volver a llamar al que no cogió el teléfono, sobre publicar el mes que viene. Todo lo que enseña son tareas de montar. Ninguna es una tarea de sostener.
Una consulta de ginecología con la publicidad funcionando de verdad: 58 contactos en seis semanas a 4,39 € cada uno. Buen anuncio, buen coste. Y a doce de ellos no les llamó nadie nunca. El coste real por paciente se duplicó sin que fallara una sola cosa del marketing.
Montar la web es un fin de semana con ganas. Contestar en veinticuatro horas cada día del año, con la consulta llena y el quirófano del jueves, no lo aguanta nadie solo. No es un problema de saber. Es un problema de sostener.
La columna de «se arregla una vez» del resultado la puedes tapar tú: pon una agenda online que mande recordatorio el día antes y te llevas esa parte entera. Lo decimos aquí porque es verdad y porque es la mitad fácil.
Lo que sale arriba es el coste directo: el importe de las consultas que se quedaron sin ocupar y el de la gente a la que nadie volvió a llamar. Es la parte que se puede calcular. Hay tres costes más que no aparecen en ninguna cuenta.
El primero es el hueco muerto: un paciente que no avisa deja un espacio que ya no se puede vender, mientras que si hubiera cancelado con cuarenta y ocho horas se habría ofrecido a otro. El segundo es el tiempo de tu equipo llamando para recolocar la agenda, que se paga igual. Y el tercero es el paciente que sí quería cita y no la encontró, porque el hueco figuraba como ocupado.
Tampoco está sumado lo que esa persona habría gastado después de la primera visita. Solo contamos la primera consulta, y casi ninguna consulta vive de primeras visitas.
Ahí está la diferencia: un recordatorio informa, una confirmación permite actuar. Si el mensaje no cambia el estado de la cita, sigues sin saber qué huecos están en riesgo hasta que el paciente no aparece — y entonces ya es tarde para ofrecérselo a nadie.
El protocolo completo, con cuándo mandar cada mensaje, qué hacer con quien no responde y cómo medirlo, está escrito y es gratis: el Sistema 48-24-2. Y la guía larga para reducir ausencias y cancelaciones tardías está en el blog.
Están escritos para que el paciente conteste, no para que se dé por enterado. Te llegan por correo y son tuyos, contrates o no contrates nada.
Es orientativa, y va a propósito por lo bajo: damos por hecho que rellenas la mitad de las citas que se caen y contamos solo la primera consulta. La cifra real de una consulta suele ser más alta que la que ves, no más baja.
El cálculo ocurre entero en tu navegador y no se envía a ningún sitio. Solo si decides rellenar el formulario para que te mandemos el desglose viajan contigo esos cuatro números — sin ellos no habría desglose que escribir. Nada más, y nunca a tu espalda.
Depende mucho de la especialidad y de si la consulta es privada o de aseguradora, pero por encima del 10 % de citas perdidas casi siempre hay margen solo con cambiar cómo se avisa.
Mejor. Significa que esa parte la tienes resuelta y que tu problema está antes: en que no llega suficiente gente a pedir cita. Eso es otra conversación y también la tenemos, pero no empieza por la agenda.
No te falta aprender otra cosa. Te falta que alguien lo sostenga la semana que tú tienes quirófano. Eso es exactamente lo que hacemos: el contenido sale, los mensajes se contestan, y al que no cogió el teléfono se le vuelve a llamar.