No se ve, pero está ahí. Una foto hecha con el móvil guarda las coordenadas exactas del sitio donde se hizo, la fecha, la hora y el aparato.
Instagram y WhatsApp lo borran al recomprimir la foto, así que ahí estás a salvo. Donde no se borra es en tu propia web —el archivo original se queda en el servidor tal y como lo subiste—, ni en un correo, ni en un Drive, ni en lo que le mandas al diseñador o a la imprenta. Ni, por supuesto, en tu carpeta de fotos.
No hace falta que me creas. Arrastra una foto tuya aquí abajo y compruébalo tú mismo.
O . JPG, PNG, HEIC. Puedes soltar todas las que quieras a la vez.
🔒 No se suben a ningún sitio. Se abren aquí, en tu navegador, y aquí se quedan. Nosotros no las vemos ni podríamos verlas.
Borra ubicación, fecha y dispositivo. La foto sale igual, sin nada de lo de dentro.
Cubre con negro o con pixelado lo que no deba verse, y recorta para quedarte solo con una parte. En ginecología la zona del procedimiento es la zona sensible: ahí lo que hace falta es taparla, no encuadrarla.
047-01-antes.jpg en vez del nombre de la señora. Un código que no significa nada fuera de tu consulta.
El informe de lo que se ha encontrado, y el consentimiento de imagen con el código de esa paciente ya puesto, listo para firmar.
Con precisión de metros. Cualquiera que descargue la foto puede sacarla, y no hace falta saber nada de informática: se ve en las propiedades del archivo.
Éste es el de verdad delicado. Una foto de las 10:32 del 14 de agosto, cruzada con una agenda, deja de ser anónima aunque no se vea la cara.
Sube una foto llamada con el nombre de una paciente y ese nombre se queda en la dirección del archivo. Es el fallo más común y el más fácil de evitar.
Un tatuaje, un lunar, una cicatriz o un anillo reconocen a una persona igual de bien. Y el fondo —un cuadro, un rótulo, una pared característica— señala tu consulta igual que las coordenadas que acabamos de quitar.
Todo ocurre dentro de tu navegador: las fotos se abren en tu ordenador, se limpian en tu ordenador y se guardan en tu ordenador. No hay servidor por medio. Si te quedas sin internet a mitad, la herramienta sigue funcionando.
Eso no es una promesa comercial, es la única forma de que esto pueda existir: una foto de paciente es un dato de salud, y la manera más segura de tratarlo es no llegar a tratarlo. Nosotros no lo tocamos.
Para publicar la foto de una paciente —en tu web, en redes o en un congreso— hace falta su consentimiento de imagen por escrito, que es un documento distinto del consentimiento informado del procedimiento. Ahí arriba puedes descargar una plantilla lista para firmar.
Si quieres que eso deje de depender de acordarse, es exactamente lo que montamos en las consultas con las que trabajamos.
Calculadoras gratuitas que puedes incrustar en tu propia web para que te traigan pacientes: verlas todas →
Y si lo que quieres es que trabajos como éste dejen de depender de que te acuerdes, eso es automatización con IA: recordatorios, seguimiento y agenda funcionando solos.