La reputación de un cirujano se construye en el quirófano, pero el paciente privado decide en Google. Hacemos visible lo que hoy solo saben tus pacientes y tus colegas.
Tu agenda del hospital está llena, pero la privada depende de que alguien te recomiende.
El paciente que te busca acaba en la web del hospital o de la clínica, no en la tuya.
Recibes segundas opiniones, pero llegan por casualidad y no de forma constante.
No tienes dónde explicar cómo operas tú, qué recuperación tiene y por qué eliges una técnica u otra.
Quieres que el marketing no te robe tiempo de quirófano ni de consulta.
La cirugía tiene un problema de atribución. Cuando una intervención sale bien, el mérito se lo lleva el centro: el paciente dice "me operaron en tal clínica", no "me operó tal cirujano". Tu experiencia queda dentro de una marca que no es tuya.
Y el paciente que paga por operarse quiere justo lo contrario: saber quién le va a operar, cuántas veces lo ha hecho y qué le va a pasar la semana siguiente. Busca una cara, un nombre y una explicación. Si no la encuentra, elige al que sí la tiene.
El paciente privado no contrata un quirófano. Contrata a un cirujano concreto — si sabe que existes.

Unas preguntas cortas y ves al momento en qué punto se pierden tus pacientes y qué corregir primero.
Si encaja, 20 minutos por videollamada o por WhatsApp. Después, por escrito: qué hacemos, cuánto cuesta y qué necesitamos de ti.
Lo ponemos en marcha; tu participación es mínima.
Te contamos qué pasa y ajustamos; no prometemos cifras.
Un sitio donde tu trayectoria, tu volumen quirúrgico y tu manera de explicar las cosas sean visibles y comprobables, y donde una segunda opinión se pueda pedir en dos clics. Lo que no te garantizamos es un número de intervenciones: depende de tu especialidad quirúrgica, tu zona y la inversión. Lo hablamos con honestidad al revisar tu consulta.
Con mucho cuidado y siempre con consentimiento expreso y documentado del paciente. En la mayoría de los casos funciona mejor explicar bien el proceso y la recuperación que enseñar imágenes.
Es frecuente y se trabaja con ello. Tu marca personal como cirujano y la del centro pueden convivir; lo que se construye es tuyo y te acompaña si algún día cambias de hospital.
Es de lo que mejor funciona. Quien pide una segunda opinión ya está buscando activamente y compara varios nombres. Aparecer con criterio propio en ese momento es determinante.
El mínimo. Necesitamos tu validación puntual y algo de material tuyo, pero el día a día lo llevamos nosotros. Tu tiempo está en el quirófano.
No todas hacen falta desde el principio. Al revisar tu consulta decidimos cuáles tienen sentido para tu consulta de cirugía.
Tu web propia, pensada para que el paciente privado dé el paso.
→Publicaciones que explican lo que sabes sin que tengas que grabarte cada día.
→Campañas medidas, con tope de inversión y con las cifras encima de la mesa.
→Recordatorios, seguimiento y agenda funcionando solos.
→Para quien prefiere aprender a llevarlo por su cuenta.
→Después de un congreso de ginecología revisé varios perfiles profesionales de Instagram. Los mismos cinco detalles se repetían, y ninguno tiene que ver con publicar más.
→Un paciente busca un tratamiento y le salen tres centros de estética y tú. Nada en esos resultados dice quién tiene un médico detrás. Esto es lo que sí lo dice, y dónde se pone.
→Cámara, sonido, luz y fondo: lo que decide si tu videoconsulta transmite confianza en los primeros segundos y cómo arreglarlo sin montar un estudio.
→Contestas unas preguntas cortas (tu especialidad, cómo te piden cita hoy y dónde crees que se pierden tus pacientes) y al terminar ves en pantalla en qué punto se pierden y qué conviene corregir primero, sin dejar tus datos. Si encaja, eliges una videollamada de 20 minutos o sigues por WhatsApp. La propuesta llega después de hablar.
Lo que cambia entre especialidades es el paciente, no el método. Si quieres verlo entero antes de decidir, aquí está cómo funciona el marketing médico en cirugía.