La reputación de un cirujano se construye en el quirófano, pero el paciente privado decide en Google. Hacemos visible lo que hoy solo saben tus pacientes y tus colegas.
Tu agenda del hospital está llena, pero la privada depende de que alguien te recomiende.
El paciente que te busca acaba en la web del hospital o de la clínica, no en la tuya.
Recibes segundas opiniones, pero llegan por casualidad y no de forma constante.
No tienes dónde explicar cómo operas tú, qué recuperación tiene y por qué eliges una técnica u otra.
Quieres que el marketing no te robe tiempo de quirófano ni de consulta.
La cirugía tiene un problema de atribución. Cuando una intervención sale bien, el mérito se lo lleva el centro: el paciente dice "me operaron en tal clínica", no "me operó tal cirujano". Tu experiencia queda dentro de una marca que no es tuya.
Y el paciente que paga por operarse quiere justo lo contrario: saber quién le va a operar, cuántas veces lo ha hecho y qué le va a pasar la semana siguiente. Busca una cara, un nombre y una explicación. Si no la encuentra, elige al que sí la tiene.
El paciente privado no contrata un quirófano. Contrata a un cirujano concreto — si sabe que existes.

Analizamos tu situación como cirujano y tu enfoque clínico.
Qué hacemos, cuánto cuesta y qué necesitamos de ti. Sin sorpresas.
Lo ponemos en marcha; tu participación es mínima.
Te contamos qué pasa y ajustamos; no prometemos cifras.
Un sitio donde tu trayectoria, tu volumen quirúrgico y tu manera de explicar las cosas sean visibles y comprobables, y donde una segunda opinión se pueda pedir en dos clics. Lo que no te garantizamos es un número de intervenciones: depende de tu especialidad quirúrgica, tu zona y la inversión. Lo hablamos con honestidad en el diagnóstico.
Con mucho cuidado y siempre con consentimiento expreso y documentado del paciente. En la mayoría de los casos funciona mejor explicar bien el proceso y la recuperación que enseñar imágenes.
Es frecuente y se trabaja con ello. Tu marca personal como cirujano y la del centro pueden convivir; lo que se construye es tuyo y te acompaña si algún día cambias de hospital.
Es de lo que mejor funciona. Quien pide una segunda opinión ya está buscando activamente y compara varios nombres. Aparecer con criterio propio en ese momento es determinante.
El mínimo. Necesitamos tu validación puntual y algo de material tuyo, pero el día a día lo llevamos nosotros. Tu tiempo está en el quirófano.
No todas hacen falta desde el principio. En el diagnóstico decidimos cuáles tienen sentido para tu consulta de cirugía.
Google Business, Doctoralia y redes, puestos a punto y conectados entre sí.
→Tu web propia, pensada para que el paciente privado dé el paso.
→Publicaciones que explican lo que sabes sin que tengas que grabarte cada día.
→Campañas medidas, con tope de inversión y con las cifras encima de la mesa.
→Recordatorios, seguimiento y agenda funcionando solos.
→Para quien prefiere aprender a llevarlo por su cuenta.
→Ejemplos de mensajes para confirmar, recordar, cancelar y reprogramar citas por WhatsApp sin convertir el seguimiento en más trabajo para recepción.
→Si tu agenda privada se llena de mutua y nunca de paciente que paga, el problema no es la calidad clínica. Es que no te encuentran o no confían antes de llamar. Esto es lo que está pasando.
→Tu ficha de Google es la primera página que el paciente privado abre antes de llamarte. La mayoría de médicos especialistas la tienen sin verificar, con datos de la clínica y sin reseñas. Te contamos cómo dejarla profesional.
→El diagnóstico es gratuito, dura 15 minutos y no tienes que comprar nada. Solo claridad sobre tu siguiente paso.
Lo que cambia entre especialidades es el paciente, no el método. Si quieres el mapa completo antes de decidir, aquí está cómo funciona el marketing médico en cirugía.